Si Alejandro no estuviera enfermo, su temperamento y el de Elisa serían compatibles.
Pero su enfermedad no era fácil de curar, y también dependía del destino.
Elisa y Alejandro no eran pareja destinada.
Nadie sería feliz si se les obligaba a casarse.
Audrey no quería que su hija se casara lejos, pero esperaba que fuera feliz.
No quería que su hija no tuviera una vida matrimonial completa.
—Señor, señora, el señor Alejandro está aquí.
Anunció el sirviente a Audrey y su esposo.
Audrey nunca había