El sol poniente iluminaba el rostro frío de Lucas. Ni siquiera el sol poniente podían derretir su frialdad, y mucho menos el del mediodía.
—¡Kevin, ya te dije que no me gustan las flores! ¡Por favor, no me las regales más!
Dijo Lucas, apartando el ramo de rosas que le había entregado.
Kevin tomó su mano, pero Lucas la apartó con determinación.
—Lucas, te estoy persiguiendo. Solo quiero darte flores.
Explicó Kevin mientras seguía a Lucas, provocando a los guardaespaldas, quienes ansiaban darle un