Cuando Silvia pronunció esas palabras, parecía una pequeña niña indefensa, y Lucas se convirtió en su último asidero a la vida.
Lucas asintió y entrelazó su dedo meñique con el de ella.
—De acuerdo, te lo prometo.
Ana, que estaba de pie al lado, observó la escena. Sintió como si algo puntiagudo le atravesara el corazón, un dolor agudo que se extendió rápidamente.
Por alguna razón, al ver a Lucas prometerle algo a Silvia, se sintió como si la pesadilla que había tenido la noche anterior se estuv