Justo cuando Silvia cayó en sus emociones, atrapada en ellas, su teléfono móvil sonó.
Silvia regresó a la realidad, dándose cuenta de que era David quien la llamaba. Controló su expresión y contestó el teléfono.
La voz de queja de David se escuchó.
—¿No te parece que fuiste muy desconsiderada? Ayer me dejaste solo en el bar y te fuiste. ¿Es esa la forma de tratar a un amigo?
Como los dos se conocían bien, David no tenía su usual compostura y decía lo que pensaba.
—Eres un hombre adulto, ¿acaso t