Una comida compartida, pero tres personas con pensamientos ocultos.
Después de la cena, Ana cuidadosamente limpió la mancha de aceite en la boca del pequeño.
Al mismo tiempo, Ana finalmente reunió el valor para hablar:
—Jose, aunque mi pregunta pueda parecer algo abrupta, ¿estarías dispuesto a dejar este lugar con nosotros? Sospecho que eres mi hijo, perdido en un accidente hace muchos años. Durante todo este tiempo, realmente te he extrañado.
Ana actuó con dulzura, y al ser observado así, Jose