Ana no podía evitar sentirse orgullosa de su buen gusto. Alzando la cabeza como una niña, buscaba el halago de Lucas.
—¿Qué te parece? Mi elección no está mal, ¿verdad?
Viéndola tan contenta, una sonrisa también se dibujó en los labios de Lucas.
—Es realmente hermoso.
Dicho esto, el hombre recogió otro anillo y se lo colocó a Ana.
Los dedos de Ana eran delgados, su piel blanca, por lo que el anillo le quedaba perfectamente.
—De ahora en adelante, no importa lo que suceda, no debes quitártelo.
De