Ana le hablaba a la tumba de Lucío, sin obtener ninguna respuesta, solo una brisa fría que sopla, agitando el ramo de flores que había puesto frente a la lápida. Permaneció allí, en silencio, sin decir una palabra más.
Desde lejos, David observaba la escena con un corazón que parecía desgarrarse. Conocía bien a Lucío, y cuando escuchó la noticia de su muerte, no pudo creerla. Pasó bastante tiempo después del funeral antes de que finalmente aceptara que Lucío se había ido para siempre. Ver a Ana