Las palabras de consuelo de Javier conmovieron a Ana, provocándole también un sentimiento de culpa. No podía creer que necesitara que un niño tan pequeño la consolara, se sentía poco merecedora del título de madre. ¿Había algunas verdades que incluso Javier comprendía y ella aún no? Con estos pensamientos, Ana se secó las lágrimas y esbozó una sonrisa.
—Bien, entiendo. De ahora en adelante, viviremos bien.
Javier asintió. Ana lo llevó al baño para lavarse la cara y luego ambos fueron a descansar