Ana gritó con todas sus fuerzas en su sueño, despertándose en una oscuridad abrumadora. En medio de la penumbra, vio a un hombre sentado a su lado en la cama, sosteniendo su mano con un calor reconfortante. Casi por instinto, lo llamó.
—¿Eres tú, Lucío?
Los ojos de Lucas oscurecieron, su agarre se tensó por un momento, un sabor amargo inundó su corazón. Desde que Ana se quedó dormida, había estado a su lado, temiendo que se despertara y, al no encontrar a nadie, se lastimara nuevamente. Nunca im