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Por otro lado
Después de entregar a Adelina a los acreedores, Pedro volvió a su habitual lugar de juego, un casino subterráneo.
Decir que no sentía nada sería mentira. Después de todo, Adelina era su hija de sangre.
Pero cuando recordaba que la madre de Adelina había huido con otro hombre, desdeñándolo por su vida de excesos y vicios, y que su hija, sin un ápice de piedad filial, no sólo se quedaba con el dinero que ganaba sino que ahora había encontrado a un hombre rico y no pensaba en ayu