Al escuchar la voz de Ana, padre e hijo volvieron la mirada. Lucas extendió la mano para apartar el cangrejo, pero la señora que vendía vegetales a un lado, al ver lo que sucedía, rápidamente lo detuvo.
—No lo toques, si lo haces, el cangrejo apretará aún más fuerte su dedo. Permíteme hacerlo.
Lucas nunca ha acatado órdenes de nadie, pero como esta es la primera vez que se encuentra con esta situación, no tuvo más remedio que retroceder dos pasos.
La vendedora se acercó, ayudó a sujetar el cangr