Adelina se levantó, fue hasta la puerta y miró a través de la mirilla. Cuando vio a Sebastián, vaciló un poco, pero aun así abrió la puerta.
En cuanto abrió la puerta, Adelina sintió un fuerte olor a alcohol. Involuntariamente, arrugó la nariz.
— ¿Qué significa esto?
Sebastián, al ver que era Adelina quien abría la puerta, alzó una ceja, no dijo nada y miró hacia el interior de la habitación.
— Ana, ¿estás ahí? Necesito hablar contigo.
Cuando Ana escuchó que alguien llamaba su nombre y se acercó