Lucas era torturado por pensamientos desenfrenados en su mente. Quería bajar del coche, llevarse a Ana, recuperar a Javier, y detener esa boda. Pero Lucas, al final, no hizo nada. Tenía muy claro en su corazón que, incluso si lo hiciera y tuviera éxito, sólo lograría que Ana lo odiara aún más. Quizás, Javier también se avergonzaría de tener un padre que no cumple su palabra.
Sólo podía mirar a través del vidrio del coche, sin pestañear, las figuras de Ana y Javier. No se atrevía ni a parpadear,