Ana levantó la vista y vio que era Lucío quien había venido a recogerlos en el aeropuerto, y rápidamente se dirigió hacia él.
Las cejas de Lucas se fruncieron, un fastidio inexplicable creciendo en su corazón, pero aun así, logró contener su ira y los siguió.
Lucas se apoyó en un coche y les hizo señas.
—Gracias por tu ayuda.
Cuando Ana recibió la noticia de que el trasplante era compatible, inmediatamente informó a Lucío y Teresa para tranquilizarlos.
—Entre nosotros, no hay necesidad de tanta