La persona que tenía en frente no era otra sino Isabel.
Al ver a Ana, su expresión era indiferente, incluso levantó la taza en sus manos con elegancia, dando un suave sorbo a su café. Sin embargo, su aplomo solo hacía que Ana percibiera una profunda hipocresía.
— ¿Entonces fuiste tú quien causó todo esto?
Ana se acercó, su voz temblaba debido a la ira.
—Señorita López, ¿tengo que recordarte nuevamente sobre tu falta de educación?
Isabel bajó la taza, sonrió suavemente, se levantó y miró a Ana