Siempre que las peticiones de Javier sean razonables, Ana rara vez las rechaza. Y ahora, este pequeño herido, con ojos tan lánguidos y suplicantes, su corazón se derretía al instante.
—Está bien, mamá se quedará contigo estos días.
Javier finalmente asintió, acurrucado firmemente en los brazos de Ana, sus pequeñas manos agarraban su ropa sin soltarla. A pesar de su compostura, hay que admitir que este accidente había asustado bastante a Javier. Después de todo, el chico había aprendido algunas t