Ana echó un vistazo a Lucas, estaba mejor de lo que imaginaba, aunque su cara parecía pálida. No sabía si estaba hambriento o era a causa del dolor de sus heridas.
Se quedó sin palabras por un momento, preguntándose qué pasaba por la mente de este hombre. ¿Acaso no le había traído comida Luna el día anterior?
Dado que él estaba enfermo, Ana reprimió su impulso de regañarle. En silencio, abrió la caja térmica y sacó la comida que había preparado.
—Come.
El suave aroma se esparció con el movimien