Lucas tomaba la mano de Ana, esa pequeña mano delicada, con la palma aún con ligeros callos, huellas de sus años de arduo estudio y trabajo en el extranjero.
Acariciaba suavemente la mano de Ana, su corazón experimentaba una satisfacción genuina.
A pesar de que el efecto de la anestesia empezaba a desaparecer, y la herida en su cuerpo empezaba a doler, se sentía satisfecho en ese momento, al menos, así, podía hacer que Ana se quedara a su lado con gusto.
La palma de Lucas comenzó a sudar ligeram