Adelina, sin embargo, no le creía del todo. Con una pizca de escepticismo, extendió la mano y acarició suavemente la frente de Ana; la temperatura era normal, pero su expresión seguía cargada de tensión:
—Ana, ¿te ha ocurrido algo inusual? Tu aspecto no luce radiante.
Apenas habían ingresado al hotel, Adelina decidió no indagar más, temiendo que la noche ampliara sus preocupaciones. Sin embargo, una vez en casa, ansiaba aclarar los hechos.
Ana, con los labios apretados, dejaba entrever una leve