Ana extendió su mano y señaló hacia un cajón cercano.
Lucas se acercó, rebuscó un poco y encontró alcohol médico y tiritas.
—Puede que duela un poco, aguanta. La voz de Lucas se suavizó notablemente, como si estuviera mimándola.
Ana sintió que su corazón se saltaba un latido.
Fue entonces cuando se dio cuenta, sin saber desde cuándo, cada gesto de este hombre provocaba una corriente en su corazón.
Sin embargo, Ana se decía a sí misma que no debía dejarse llevar, rápidamente desvió la mirada, no