Los ojos de Ana se humedecieron un poco.
—¿Por qué no puedes creerme por una vez...?
Las palabras tan suaves que apenas se podían escuchar, se dispersaron lentamente en la oscuridad de la noche, sin dejar rastro alguno.
...
Al día siguiente, por la mañana temprano,
Lucas abrió los ojos y vio a Ana acostada a un lado, aun durmiendo.
De repente, su corazón sintió cierta satisfacción, levantó las sábanas, a punto de hacer algo, pero vio a Ana durmiendo con una mano acariciando su vientre.
Era una p