Ana fruncía el ceño, sintiéndose frustrada por la actitud irracional de ese hombre. Gritaba con tanta fuerza que era difícil creer que estuviera enfermo o herido.
—Señor, si cree que le he causado algún daño, vamos a hacer un examen ahora mismo. Si resulta que tengo algo que ver, no me rehusaré a asumir la responsabilidad. Pero si no, no espere que pague ni un centavo injustamente.
Ver a Ana, una mujer aparentemente frágil, hablarle sin darle cara, e incluso insinuar que él estaba fingiendo, hiz