Después de que Karla entró al baño, finalmente contestó la llamada, y la voz de Patricio se escuchó.
—He visto el mensaje que enviaste, ¿qué planeas hacer?
Karla estuvo a punto de maldecir. Aquel hombre, obstinadamente reacio a brindarle la menor ayuda, parecía no confiar en su habilidad innata para forjarse una exitosa carrera. Sin embargo, le encantaba instarla continuamente, casi con cierta crueldad, a actuar para su satisfacción personal, queriendo que el caballo corra a su máximo esfuerzo s