Al pensar que Ana López estaba siendo señalada y atacada por esas personas con las palabras más venenosas, el corazón de Lucío Hernández se sentía como si fuera cortado por un cuchillo. No podía soportar ver a una joven mujer sometida a tal tortura, ¡tenía que ayudarla!
Al ver que la gente de afuera no le prestaba atención, Lucío Hernández tomó una silla y la estrelló contra la puerta, pero la puerta no se movió ni un ápice, sin ningún indicio de que se fuera a abrir.
Frida Kahlo terminó sus asu