Debido a la multitud, todos los que participaban estaban convencidos de que no serían castigados por la ley, así que ninguno se echó atrás.
—No me lo puedo creer, no solo esta mujer no tiene vergüenza, sino que también es bastante agresiva.
—¡Rápido, quitémosle toda la ropa para ver cómo sigue saliendo a seducir a los maridos ajenos!
Apenas terminaron de hablar, algunos de ellos se unieron.
Había chismosas y amas de casa en el grupo.
—¡Aléjense! Ana López luchaba, agitando sus brazos frenéticame