Ana hablaba con cierta emoción. Desde que Lucío se había ido, había reservado un pequeño lugar en su corazón para él, un espacio que, a pesar de los cambios en el mundo, recordaría por siempre la existencia de aquel hombre.
Adelina, observando la expresión de Ana, comprendió su sentir. Ciertamente, aunque Ana guardara recuerdos de Lucío, cuando decidió amar a Lucas, lo hizo con total abandono.
Por lo tanto, ¿por qué debería preocuparse por alguien que ya no estaba...?
—Claro, lo que decidas hace