Lucas apretó con fuerza los puños. El latido de su corazón resonaba nítidamente en su pecho. Todo a su alrededor estaba sumido en un silencio abrumador; su mente se enfocaba únicamente en buscar a Ana, sin otro pensamiento presente.
Después de lo que pareció una eternidad, justo cuando Lucas sentía que la opresión estaba a punto de asfixiarlo, finalmente divisó a Ana a lo lejos.
—¡Ana!
Con los ojos abiertos de par en par, Lucas gritó el nombre de Ana y corrió hacia ella como un loco. Las piedras