Ana realmente no tenía idea de cómo Lucas había llegado a esa conclusión, pero aun así se esforzó por explicar.
—Él acaba de detener el ataque de ese lobo contra mí. De no ser por eso, probablemente me hubieran desgarrado la garganta y habría muerto en el acto. No puedo quedarme aquí y verlo morir.
—¿Y qué hay de mí? —Lucas avanzó unos pasos hacia ella, agarrándola fuertemente por los hombros como si quisiera destrozarle los huesos.
—¿Acaso no he hecho lo mismo por ti? ¿Por qué no te sientes con