—Ana, ¿cómo es que al verte ni siquiera me saludas? Pero dime, ¿prefieres llamarme tía o cuñada?
Al ver la expresión aterrorizada de Ana, Luz sintió una satisfacción interna. Parecía que, aunque su anterior desfiguración no había convertido a Ana en un ser inútil, ciertamente había sembrado un profundo miedo hacia ella en su corazón.
Ana ya se había retirado hacia la puerta, tocando suavemente la posición del pomo con su mano. La puerta no estaba cerrada con llave, lo que le daba un mínimo de co