29. No hablemos de eso, cariño.
—Jareth— Por fin se liberaba de su secreto, por fin el padre de sus hijos sabía la verdad y ella no podía hacer más que entregarse a él.
Pasó los brazos tras su cuello y se aferró a él mientras sus piernas le rodeaban las caderas, ansiosa, caliente a pesar del agua que fría que caía sobre ellos y se empeñaba en enfriar sus pieles.
—Claire…— volvió a repetir su nombre en cuanto ella lo llamó, se encontraba furioso, por supuesto que lo estaba cómo no estarlo con ella. Pero aun así no podía culparl