Las manos de Christian empezaron a temblar, con más fuerza, mientras el peso de sus pensamientos le llegaba de golpe con la fuerza de un tsunami.
Él era el causante de la muerte de su hijo. El viejo Mars empezó a tambalearse, haciéndose hacia atrás antes de caminar hacia donde la ambulancia ya tenía a su hijo arriba.
No, su hijo no podía morir, La ley natural de la vida, era que los hijos entierren a sus padres, no al revés.
—Él, no puede, mi hijo no puede morir— se acercó a los paramédicos, ah