17. Permíteme entrar
Los meses fueron pasando y en un inicio Michael y yo solo hablábamos de trabajo pero luego se creó una especie de amistad, no eran frecuentes los mensajes a nuestros teléfonos personales, sin embargo, era viernes y todavía teníamos mucho trabajo pendiente por lo que era inevitable ocupar nuestros días de descanso, —Michael, se que puede sonar poco profesional pero ya me dijiste que estás en Stuttgart igual que yo, porque no realizamos este trabajo en persona.
—No lo creo.
—Vamos, que he podido