Mundo ficciónIniciar sesiónSus ojos se pusieron en blanco. Le agarré el pelo y empecé a embestir lento y profundo en su boca, viendo cómo la saliva goteaba por su barbilla hasta el cojín del sofá. Sus manos arañaban el cuero, sus uñas raspando impotentes.
—Joder... me está apretando muchísimo —gruñó Elias—. Está cerca. Puedo sentirlo.
La miré hacia abajo. —¿Vas a correrte otra vez, nen







