Mundo de ficçãoIniciar sessãoLas puertas de la cámara de Kael se cerraron tras ella con un estruendo, como las fauces de alguna bestia antigua.
Cerys Vayne permanecía descalza sobre el suelo de obsidiana, con las muñecas atadas por seda negra encantada y los brazos tensados sobre su cabeza. La seda pulsaba débilmente con runas rojas, bebiendo de su magia como una sanguijuela. Su vestido harapiento apenas colgaba de un hombro, sin ofrecer calor ni protección; solo la







