Mateo, al ver la preocupación en los ojos de Sofía, decidió dejar de hablar del tema y simplemente disfrutar del momento con ella. Le acarició suavemente el cabello, mirándola con ternura.
—No tienes que preocuparte más por lo que quiera tu familia. Estoy contigo, y no voy a permitir que te obliguen a nada —le dijo con convicción, mientras la abrazaba con más fuerza.
Sofía, recostada en el pecho de Mateo, escuchaba su corazón latir con tranquilidad. Se sentía segura, como si todas las presiones