Mientras tanto, en la mansión de Armando, este se encontraba sentado en su estudio, absorto en sus propios pensamientos. Después de tantos años de búsqueda, finalmente había encontrado a la hija de Guadalupe, la mujer a la que una vez juró proteger.
Se sirvió un poco de whisky y observó el líquido ámbar girar en el vaso, recordando los eventos que lo habían llevado a este momento.
Guadalupe García había sido una mujer extraordinaria, una activista que luchaba incansablemente por los derechos de