Capítulo 66: Sin ella mi vida no tiene sentido.
Marcelo soltó una risa suave, negando con la cabeza.
—Vamos, no seas así —replicó Marcelo, divertido—. Solo digo que es interesante. No te mira como alguien que pueda resolverle la vida, ¿sabes? Ni siquiera como su prometido. Te mira como… fondo. Como algo que no quiere usar. ¡Jaja! ¡Eso debe golpear justo en tu ego!
Ese comentario sí tuvo efecto.
Giorgio pasó una mano por su cabellera negra, desordenándola apenas, como si necesitara despejar la tensión acumulada en la nuca.
—Vete, Marcel