—¡Pero mira nada más! Aun no creo que estés aquí—Me abraza con fuerza emocionado, me besa y sonríe—Dame solo unos minutos y podremos marcharnos—Asiento y lo observo hacer una par de llamadas, me sonríe nuevamente, se ve feliz, no puedo destruir esa felicidad, pero tampoco puedo engañarlo más después de lo que hice con Alexander.
¡Alexander!
Pensar en él me provoca jaqueca, sobre todo porque se que él provocó todo esto, lo hizo con esta intención, le dije que fue un miserable al engañarme cuand