Se dio la vuelta y se dirigió a su dormitorio, sabía a ciencia cierta que Sabrina ya habría difundido la noticia. Todo el mundo debía de estar esperando oír una historia de panecillos de miel. Llamó ligeramente a la puerta y la abrió de un tirón para ser recibida con un grito.
—¡¡¡Claudia!!!, ¿por qué no me lo dijiste? ¿Así que has estado viendo a ese hombre tan guapo a nuestras espaldas? Es totalmente injusto, ¡no lo aceptaremos! —se lamentó Sabrina mientras se acercaba a Claudia y tiraba de e