Con las manos en la masa.
—Claudia, ¿qué ha pasado? Hoy no has venido a la clase de entrenamiento —exclamó Sabrina por teléfono. Sus incesantes llamadas habían despertado a la dormida Claudia.
—El señor Ricardo dijo que debía tomarme el día libre, ¿algún problema? ¿Se ha notado mi ausencia? —preguntó Claudia medio dormida.
—No, en realidad fue un joven el que nos entrenó hoy, nos alegramos mucho de que no viniera la bruja. Aunque no era muy fácil de llevar, era mucho mejor que la bruja.
Las dos