Fue un placer.

Jean Carlo levanto la mirada y en la puerta de su oficina, se encontraba el hombre que estaba buscando.

Pase señor Smith —hablo Andollini con amabilidad —tome asiento, es una gran casualidad que sea usted quien venga a buscarme o ¿no es casualidad? — el millonario miro al hombre que se encontraba frente a él.

Smith entro en la oficina con paso seguro, tenía que mostrarse así, porque al parecer al ver de frente a Jean Carlo Andollini sabía que era un hombre con el cual no podía uno jugar, ent
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