Analía ensució las manos ella misma. Tomó un pequeño azadón y ayudó a una pequeña niña a arar la tierra. Los recolectores habían traído semillas de todas clases: trigo, avena, cebada, frijol, garbanzos. También habían encontrado frutas silvestres: bayas, moras, mangos. Todos estaban disfrutando realmente de aquello.
Los lobos, incluso en su forma humana, eran más fuertes que una persona normal. Así que Analía se sintió agradecida cuando, en un solo día, hicieron lo que un grupo de humanos con