SE TERMINÓ.
SE TERMINÓ.
Sebastián estaba en la habitación de su mansión mirando con complicación a Erika. La mujer estaba hecha un mar de lágrimas, y el Alfa no sabía cómo proceder.
―Erika ―dijo en voz baja ―Conocías la naturaleza de nuestra relación, sabías que terminaría en cualquier momento.
―Sí, lo sé, pero no puedo resignarme, Sebastián ―sollozó la mujer ―No puedo. Sé que no querías más que sexo entre nosotros, pero… ¡Oh dios, te amo! ¡Te amo, Sebastián! Por favor, no me abandones, yo… yo te amo.
E