CAPÍTULO 95. HORMONAS ALBOROTADAS
Adriana, quiso levantarse de la cama, pero Mateo no lo permitió. Habían prometido que este era el lugar del amor, la reconciliación y la paz, por nada llegarían a esta, enojados. Así que haciendo uso de todas sus herramientas de conquistador, logró borrar de su rostro la rabia.
Después, de una segunda tanda de amor y pasión, él se levantó, la tomó en sus brazos, la metió en la ducha y la bañó como si fuera una niña. A él, le fascinaba consentirla. No obstante, ella esa noche casi no pudo dormir