Nuestra última noche en Italia coincidió con el cierre del Festival de la Cosecha. Ya llevábamos casi dos horas en la fiesta, circulando entre puestos de comida, vinos locales y artesanías. El festival estaba aún más concurrido que la primera noche, con músicos tocando en cada esquina y jóvenes bailando en las calles de piedra.
Christian parecía completamente a gusto —más relajado de lo que jamás lo había visto en Brasil. Conversaba en italiano fluido con los lugareños, muchos de los cuales lo