Capítulo 338

La tercera semana de tratamiento estaba siendo particularmente brutal. Mi cuerpo parecía haber declarado guerra contra mí mismo: hinchazón en lugares que ni sabía que podían hincharse, cambios de humor que me hacían llorar viendo comerciales de papel higiénico, y una sensibilidad en los pechos que hacía incluso los abrazos incómodos. Estaba acostada en el sofá de la sala, vistiendo un pantalón de sudadera holgado y una camiseta de Nate que se había convertido en mi uniforme en los días malos.

Ginger estaba siendo mi compañera fiel durante esa fase difícil. Era como si entendiera instintivamente que no estaba bien, porque no se alejaba de mi lado. Estaba ahora acostada en el suelo al lado del sofá, ocasionalmente levantándose para lamer mis manos o apoyar la cabeza en mi rodilla con esos ojos expresivos que parecían decir "entiendo, está todo bie

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