Mundo ficciónIniciar sesiónEl galpón abandonado olía a moho y aceite de máquina, una mezcla nauseabunda que hacía que mi estómago se revolviera aún más de lo que ya estaba. Matteo finalmente había dejado de llorar, exhausto por el estrés de la situación, pero podía sentir cómo estaba tenso acostado en su cochecito a mi lado, como si aun siendo tan pequeño lograra percibir que algo estaba terriblemente mal.
Lorenzo caminaba







