Cuando amaneció, la resaca fue infernal y odió levantarse, la punzada en su cabeza era insoportable. Por suerte tenía tylenol. Luego de eso se dirigió al gran salón que tenía como living. No tenía hambre, la verdad.
Y media mañana ocupó su cabeza en la joven que estaba no muy lejos de él, la recordó encima de él, sus palabras esperando algo más que un beso arrebatado, aguardado poder subir a un nivel peligroso. Mabel no estaba tomando en cuenta el verdadero riesgo que esa decisión acarreaba. Y