Sophia ni siquiera se imaginaba que estaba sellando su propia sentencia de muerte, que había contribuido a que el plan de Kate, saliera a la perfección. Esta se encontraba en la clínica de Mateo, esperando pacientemente al chico enviado para convencer a Sophia.
— Listo, ya ha enviado los documentos, fue más fácil de lo que imaginamos — dijo Mateo mostrándole el correo a su amiga
— Ja, ja, ja sabía que esa también tenía un precio, perfecto, entonces llámala a entrevista mañana, dale el puesto y