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La conversación entre ambas familias continuó.

—Nos hemos sentido muy mal por la muerte de nuestro nieto, cuanto nos hubiese gustado que nuestra nuera lo hubiera conservado. —Comentó la señora Gaviota.

—¿Cómo así? —¿Acaso su hijo menor, está casado?

—No, yo les estoy hablando de Camila. Solo imagínense lo bello que se vería ese bebé corriendo y haciendo bulla por toda esta casa. —¡Hubiese sido maravilloso! —volvió a decir la señora, ante la mirada atónita y confundida de los padres de la muchac
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